Contabilidad

Explicale a Bill cómo contabilizás. Con tus palabras.

Explicale a Bill cómo contabilizás. Con tus palabras.

La grilla de reglas contables se terminó. Ahora escribís tu criterio en palabras, mencionás las cuentas de tu plan con @, y Bill arma el asiento de cada venta y cada compra por vos.

Explicale a Bill cómo contabilizás. Con tus palabras.

La contabilidad de tu empresa dejó de ser una grilla de reglas. Ahora es una conversación.

El problema no era la contabilidad. Era el formulario.

Todo software contable te pide lo mismo: traducí tu criterio a una tabla. Una fila por cada combinación de tipo de comprobante, moneda y forma de pago. Un débito, un crédito, y a otra cosa.

El problema es que ningún contador piensa así. Cuando le explicás a un colega cómo contabiliza tu empresa, no le dictás una grilla. Le decís:

"Las exportaciones van a Ventas Exentas, y el deudor depende de la moneda: en dólares a una cuenta, en euros a otra."

Esa frase, en una grilla, son cuatro filas y una nota al pie que nadie va a leer. Y el día que aparece un matiz nuevo —un cliente que se factura distinto, un concepto que no encaja— la grilla no tiene columna para nombrarlo. Te quedás con un criterio que el sistema no puede expresar, y con un asiento que vas a corregir a mano todos los meses.

En Bill borramos la grilla. En su lugar hay un campo de texto.

Escribí la instrucción. Bill contabiliza.

En Configuración → Contabilidad ahora escribís instrucciones contables: el criterio de tu empresa, en prosa. Cada instrucción tiene tres partes, y esa separación es lo que la hace funcionar:

Campo

Qué escribís

Nombre

La etiqueta del caso: "Exportaciones", "Compras de combustible"

Cuándo usarla

El criterio que decide si aplica: "Cuando el comprobante sea una eFactura de exportación, sin importar la moneda ni la forma de pago."

Instrucciones

Qué hacer cuando aplica: "Acreditá la venta a @411101 Ventas Exentas y debitá al deudor que corresponda por moneda."

Cada vez que se contabiliza un comprobante, Bill lee tus instrucciones activas, decide cuáles aplican a ese comprobante en particular, y arma el asiento con el criterio que vos escribiste.

No hay combinaciones que precargar. No hay filas que multiplicar. Si mañana aparece un caso nuevo, escribís una instrucción nueva y ya está viva.

Escribí @ y aparece tu plan de cuentas

Adentro del texto, poné @ y se despliega el buscador de tu plan de cuentas. Escribís el código o el nombre, elegís, y la cuenta queda insertada en la instrucción, resaltada, con su nombre a la vista.

Dos detalles que importan más de lo que parecen:

  • Solo te ofrece cuentas imputables. Las de agrupación no aparecen, porque mencionarlas produciría una instrucción imposible de cumplir.

  • La mención se guarda como texto. Si después renombrás la cuenta en tu plan, la instrucción no se rompe ni se modifica sola.

Abajo del editor, un resumen te muestra todas las cuentas que la instrucción menciona. De un vistazo ves si escribiste lo que querías escribir.

Ventas y compras, el mismo criterio

Emitís una eFactura y DGI la acepta: el asiento aparece solo.

Recibís una factura de un proveedor: el asiento también aparece solo, con el gasto y el IVA compras discriminado por tasa.

Los dos circuitos leen las mismas instrucciones. No tenés que declarar si una instrucción es "de ventas" o "de compras", ni escribir dos veces el mismo criterio en dos pantallas distintas. Escribís "cuando le facturamos a un cliente del exterior" y eso, evidentemente, habla de una venta. Bill lo entiende igual que lo entendería un colega leyendo la misma frase.

Facturar es contabilizar. Recibir una compra es contabilizar. Sin que nadie se tenga que acordar de cargar nada.

La IA elige cuentas. No inventa números.

Acá está la parte que hace que esto sea usable en una empresa de verdad y no una demo. Una instrucción orienta la decisión contable, pero nunca relaja una invariante del asiento:

Si la instrucción pide…

Qué pasa

Una cuenta que no está en tu plan

Se ignora. El asiento no se genera con esa cuenta

Una cuenta inactiva o que no admite asientos

Se ignora

Un asiento que no balancea

Se descarta entero

Cambiar los importes del comprobante

No. Los importes salen del comprobante, siempre

La IA decide qué cuentas, con el criterio que vos escribiste. Todo lo demás —los importes, el balance, la validación del plan— lo sigue mandando el sistema.

Y hay una garantía más, la que a nadie le gusta descubrir por las malas: la emisión de un comprobante nunca falla por un problema contable. El circuito de facturación está aislado. Pase lo que pase con el asiento, tu factura sale.

Control total, sin sorpresas

  • Activá y desactivá sin borrar. Una instrucción desactivada se conserva íntegra pero no influye en ningún asiento. Probá un criterio, apagalo, volvé.

  • Editar no reescribe el pasado. Cambiar una instrucción afecta a los comprobantes que se contabilicen de ahí en adelante. Los asientos ya generados no se tocan: tus períodos cerrados quedan cerrados.

  • Un comprobante, un asiento. Reprocesá las veces que quieras: no se duplica.

  • Tus instrucciones son tuyas. Solo influyen en los asientos de tu empresa. No hay instrucción compartida ni heredada.

  • Ayuda en cada campo. Cada uno tiene su "?" con el modelo mental completo: qué escribir, qué no, y por qué los campos están separados. No tenés que adivinar cómo se usa.

Empezá sin configurar nada

Si tu empresa no tiene ninguna instrucción escrita, Bill contabiliza igual, con el criterio estándar: neto y IVA a las cuentas que corresponden, contrapartida al haber, asiento espejo del lado de compras.

Las instrucciones no son un requisito para arrancar. Son la forma de meter tu criterio adentro —el que hoy vive en tu cabeza y aplicás a mano, comprobante por comprobante.

Empezá con una. La que más veces por mes te obliga a corregir un asiento. Escribila como se la explicarías a alguien que sabe contabilidad pero no conoce tu plan de cuentas.